“No sé que me pasa, pero me encuentro mal”, “estoy todo el día agotada o de mal humor” “se supone que lo tengo todo, pero no me siento feliz”, “siento que estoy a punto de estallar”
Estas son algunas de las demandas con las que muchas mujeres acuden a consulta. No identifican un “problema” en sus vidas, pero sin embargo sienten un malestar persistente.
En muchas ocasiones, lo que nos encontramos debajo de este malestar difuso es una sobrecarga, un intento de cumplir con ese ideal de “supermujer” que puede con todo. No es sólo hacer muchas cosas, es recordar citas médicas, planificar comidas, anticipar problemas, gestionar emociones propias y ajenas, es rendir en el trabajo y también en casa. Es estar en todo, todo el tiempo.
Y lo peor es que desde la sociedad se normaliza e incluso se refuerza.
Desde la psicología sabemos que esta sobrecarga puede generar:
- Estrés crónico
- Ansiedad
- Culpa constante
- Agotamiento emocional
- Sensación de no ser suficiente
- Problemas de salud…
Cuidar la salud mental de las mujeres no es un lujo, es una necesidad social. Este 8M reivindiquemos la carga mental y la sobrecarga de tareas que millones de mujeres sostienen en silencio. Porque cuando una mujer descansa, delega y es escuchada, no está fallando, está ejerciendo su derecho al bienestar.
