La incertidumbre sobre si podemos pagar el alquiler, la imposibilidad de independizarnos, tener que compartir vivienda por necesidad, vivir con miedo a perderla o no poder construir un proyecto de vida estable puede generar sintomatología como ansiedad, estrés, problemas de sueño, irritabilidad, tristeza, sensación de falta de control y/o desesperanza. Y es que responder de forma prolongada a una situación que vivimos como amenazante e incierta nos enferma.

Cuando la misma incertidumbre y malestar es compartida por muchas personas, se trata de un problema de salud comunitario, no sólo individual. Esto se refleja en cómo se ven afectados los vínculos, las relaciones familiares, las redes de apoyo, el sentimiento de pertenencia, la convivencia y la posibilidad de construir proyectos colectivos.
Una vivienda segura no es solamente un techo. Es también estabilidad, intimidad, autonomía, descanso, seguridad y posibilidad de proyectarnos hacia el futuro, aspectos claves para asegurar un bienestar psicoemocional, prevenir las enfermedades mentales y mantener la salud comunitaria.

Por eso, hablar de salud mental también implica preguntarnos por las condiciones sociales que permiten o dificultan vivir con dignidad.

Desde Nuan Psicología entendemos que cuidar la salud mental no consiste únicamente en enseñar a las personas a gestionar mejor el malestar; sino que también implica construir entornos que no generen niveles evitables de incertidumbre y sufrimiento.