Ayer celebramos el Día del Padre y las redes sociales se inundaron de mensajes de felicitación e imágenes de reconocimiento del rol de nuestros padres, de aquellos que están, de los que faltan, de los padres que sus hij@s ya son adult@s, de los que están inmersos en plena crianza, de los padres biológicos y de aquellos que sin serlo, ejercen como tales.
El día del padre para algunas personas representa cercanía y reconocimiento; para otras, puede implicar ausencia, conflicto o duelo. Validar la propia experiencia emocional es un elemento clave en el cuidado de la salud mental. No todas las vivencias necesitan ser celebradas, pero sí pueden ser comprendidas e integradas.
Desde la teoría del apego, se ha observado que la implicación de las figuras de cuidado favorece:
- La seguridad emocional
- El desarrollo de la autoestima
- La regulación emocional
- La construcción de relaciones interpersonales saludables
Más allá de la cantidad de tiempo, la calidad del vínculo es el factor determinante. Sin embargo, la paternidad es un proceso de aprendizaje. Cada padre ejerce desde su propia historia. La revisión de patrones intergeneracionales es posible y necesaria para no repetir aquello que nos dañó. Del mismo modo, la regulación emocional también se aprende en la adultez, y este proceso es fundamental para ayudar a l@s propi@s hij@s en su propia regulación emocional y construir un vínculo seguro.
