Existe una tendencia que solemos observar frecuentemente que es interpretar a los demás desde nuestra propia manera de funcionar.

Si soy atent@, espero atención.
Si cumplo lo que prometo, espero que tú también lo hagas.
Si cuando alguien me importa procuro estar disponible, espero que tú estés cuando yo lo necesite.
Si yo tengo en cuenta cómo pueden sentirse los demás, puedo dar por hecho que ell@s también tendrán en cuenta cómo me siento.

Y cuando no ocurre, aparece una pregunta que puede doler mucho: “¿Cómo puede hacer esto si yo jamás se lo haría?”

Desde ahí pueden aparecer la decepción, el resentimiento, la incomprensión o incluso la exigencia.

Las personas podemos tender a utilizar nuestro propio comportamiento como referencia para interpretar las intenciones de l@s demás.

Pero las personas tenemos diferentes formas de vincularnos, diferentes historias, necesidades, prioridades, niveles de sensibilidad y maneras de expresar afecto.

Por eso, que alguien no haga lo que nosotr@s haríamos no significa automáticamente que no le importemos.

Puede que simplemente funcione de otra manera. Aprender esto puede ayudarnos a sufrir menos.

Pero hay una segunda parte, igual de importante, que a veces se confunde con la anterior: comprender al otr@ no significa conformarnos con cualquier cosa.

Aceptar que una persona expresa el cariño de una manera diferente no significa aceptar indiferencia.

Entender que alguien tiene otras necesidades no significa tolerar que ignore las nuestras.

Respetar su forma de ser no implica renunciar a lo que necesitamos para sentirnos bien dentro de una relación.

Porque existen unos mínimos de cuidado que no tienen tanto que ver con “hacerlo exactamente como yo lo haría”, sino con aspectos básicos de cualquier vínculo saludable:respeto, consideración, honestidad, interés, responsabilidad afectiva, capacidad para escuchar, reciprocidad y disposición a cuidar el vínculo.

La clave, entonces, no está en exigir:
“quiéreme como yo te quiero.” Pero tampoco en decir: “como cada persona es diferente, tengo que aceptar cualquier cosa.”

Hay un punto intermedio mucho más sano:

“No necesito que seas como yo. Pero sí necesito que la relación cubra unos mínimos que para mí son importantes.”

Quizá el trabajo en un@ mism@ consiste precisamente en aprender a distinguir ambas cosas.

Entre una expectativa que nace de pensar “si yo lo hago, tú deberías hacerlo igual”…
y una necesidad legítima que nos dice “esto necesito para sentirme cuidad@ y respetad@ en una relación.”

Una nos puede llevar a intentar cambiar al otr@. La otra nos ayuda a decidir si ese vínculo es compatible con nosotr@s.

Porque los vinculos no consisten en esperar que los demás funcionen como nosotr@s. Pero tampoco consiste en hacernos pequeñ@s para que cualquier forma de relación nos parezca suficiente.

Comprender al otr@ sin abandonarnos.
Quizá ahí está el equilibrio.

En Nuan Psicología te ayudamos a comprender mejor a ti mism@ y a los vínculos que mantienes.